
En principio las escuelas no disponen de los recursos y medios suficientes para poder desarrollar adecuadamente procesos educativos apoyados en estas nuevas tecnologías, ni el profesorado conoce y domina la tecnología como para usarlas provechosamente con fines pedagógicos. Por eso la escuela está quedándose rezagada respecto a los vertiginosos cambios que se están produciendo en el seno de nuestras sociedades. En cualquier caso, la formación debe ser el proceso que preceda a esa incorporación, siempre que ello sea posible, ya que las NTC, por su propia naturaleza, no siempre lo permiten.
Y de cara al profesorado, la aplicación de las tecnologías a la educación pasa, inexcusablemente, por la formación.
Las NTC y sus potencialidades nos retan a la creación de espacios educativos, sean presenciales o virtuales, que promuevan la interacción personal, el debate plural, la reciprocidad inmediata y completa de los intercambios, la pluralidad de los puntos de vista, las relaciones directas entre maestros y alumnos. Lo más frecuente es proponer los medios tecnológicos como posibles instrumentos didácticos poniendo el énfasis en las habilidades necesarias para su eficiente utilización. Pero no nos preguntamos sobre los modelos pedagógicos idóneos o convenientes para el uso de estas tecnologías, ni los modos más adecuados para su introducción en los currículos.
Hemos de ser conscientes de que el modelo social, cultural y curricular de escuela estará por encima de lo que las nuevas tecnologías permitan en cuanto a innovación o creación de nuevos entornos o espacios educativos. Los métodos y estrategias docentes que utiliza la escuela en su tarea diaria, también determinarán el tipo de tareas que posteriormente establecerán con las nuevas tecnologías, porque éstas por si mismas no suponen innovación. Es más, también a veces, sirven para reforzar comportamientos conservadores y escasamente participativos, colaborativos y democráticos. Las escuelas que deseen afrontar con éxito los cambios necesarios para afrontar con éxito la innovación que supone adecuarse a la sociedad de la información, deben hacerlo en grupo, formando conjuntos de escuelas que apuesten por un futuro común, compartiendo recursos.
Los sistemas de videoconferencia, Internet y otras tecnologías ponen por primera vez al alcance de cualquier grupo de centros la posibilidad de compartir profesores y materias, de intercambiar materiales, de diseñar actividades conjuntamente, de trabajar colaborativamente. Sin cuestionar una idea general como la que postula un encuentro más decidido e intenso entre las nuevas tecnologías y la educación, me parece que también hay que prestar atención a otra serie de condiciones sociales, políticas y culturales que lo enmarcan y configuran, seguramente, con diversos sentidos y consecuencias.
Un nuevo sistema educativo para una realidad nueva
Bernabeu dice que hay que tener en cuenta:
1. Desarrollo de un nuevo tipo de sociedad, que funciona desde lo continuamente nuevo sobre lo permanentemente obsoleto, que incorpora tecnologías y medios que sacan a la luz viejos problemas éticos y nuevas preocupaciones sociales. Continuos flujos de información con mensajes entremezclados y cambiantes en una situación de estructura comunicación global. Se precisa de nuevos conocimientos, capacidades, habilidades para interpretar la función y el significado de los medios
2. Aparición de un nuevo tipo de alumno, que necesita grandes dosis de motivación para aprender y a quien le aburre una explicación teórica tradicional. Es un alumno que se ha socializado en un mundo de imágenes y que se ha instruido con el a/v. Exige un replanteamiento de las estrategias pedagógicas y didácticas.
3. Necesidad de un nuevo modelo de escuela, que desarrolle su tarea desde un principio educativo anticipatorio, capaz de reconocer los cambios y darles una réplica efectiva. Una escuela que ha de vertebrar las necesidades de comunicación y educación.
La clave está en cómo insertar la escuela en un ecosistema comunicativo, que es a la vez experiencia cultural, entorno informacional y espacio educacional difuso y descentrado. Para que aprender siga guardando su encanto.
Esta nueva estructura comunicativa no ha de ser “una fotocopiadora de la realidad”, sino que debe suministrar las herramientas para una interpretación crítica y autónoma de la información y de la realidad misma. Para ello se debe apoyar en:
1. una renovación seria para ser creíble
2. clarificar objetivos para ser transparente
3. aportar contenidos relevantes
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