sábado, 31 de octubre de 2009

La educación en la sociedad de la información


La educación en general y la educación superior en particular, han presentado cambios en cuanto al uso de nuevas herramientas para inducir el aprendizaje significativo. Esto ha sido gracias a las nuevas innovaciones tecnológicas, la telemática e informática, entre otras.
El grado de complejidad que han adquirido las nuevas tecnologías y la dinámica de cambio en que se ofrecen, obligan a un cuidadoso tratamiento de reflexión pedagógica para derivar de ella una metodología capaz de abarcar, en alguna medida, su difícil estructura y precisar su bastante inaprensible proceso.
Esta necesidad se acentúa al tratarlas desde la perspectiva pedagógica, la cual posee, una dimensión prospectiva, consustancial a la tarea educativa, es decir, se educa esencialmente desde el presente para el futuro. Además el avance científico y técnico plantea un reto permanente de continuada actualización y justifica los ensayos y estudios prospectivos sobre educación, que traten de definir las consecuencias de las acciones y de las decisiones de hoy para la escuela del futuro.
En verdad que el sistema educativo no es precisamente un ambiente en el que la tecnología tenga un papel relevante para las tareas que allí se realizan. Es más, sus practicantes, tradicionalmente y salvo honrosas excepciones, se han mostrado bastante reacios a incorporar novedades en el estilo de hacer las cosas.
Sin embargo, la actual revolución tecnológica afecta ya a la educación formal de múltiples formas, el problema está en discernir con alguna claridad las opciones que deben tomar los sistemas educativos y seleccionar las repercusiones previsibles que sobre ellos puedan ejercer los avances que incorpore la sociedad.
Las NTC requieren un nuevo tipo de alumno:“Alumno más preocupado por el proceso que por el producto, preparado para la toma de decisiones y elección de su ruta de aprendizaje, preparado para el autoaprendizaje, lo cual abre un desafío a nuestro sistema educativo, preocupado por la adquisición y memorización de información, y la reproducción de la misma en función de patrones previamente establecidos”.
Aunque el alumno, en estos momentos, se encuentra de sobra preparado, son los profesores los que han de trabajar en una nueva configuración del proceso didáctico, en el que el saber no tenga por qué recaer en el profesor y la función del alumno no sea la de mero receptor de informaciones.
Durante los períodos de cambio conviven ideas, principios y valores, sistemas y medios de comunicación, procedentes de la cultura antigua y de la nueva. Durante un tiempo, los viejos principios, modelos y sistemas se niegan a dejarse contaminar. Mientras lo antiguo se resiste a desaparecer o a cambiar, lo nuevo no encuentra su lugar específico, cómodo y definido. Parece que nos encontramos ante una nueva manera de conocer, a través de las tecnologías audiovisuales, pero el cambio no es sólo del papel al libro electrónico. Existe otro cambio que afecta al modo como se organiza la información, e incluso a cómo se codifica. Y, por ello, al modo como conocemos.
En el ecosistema de las comunicaciones, como en todos los ecosistemas, la integración de un elemento nuevo comporta la transformación de todo el sistema. De ahí la resistencia al cambio. Los demás elementos se ven obligados a resituarse. Sólo así el ecosistema vuelve a encontrar su equilibrio. Es desde esta óptica como tal vez haya que analizar las relaciones entre la escuela y los nuevos medios que envuelven a las instituciones educativas.

Pedagogía y nuevas tecnologías

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